viernes, 16 de marzo de 2007

CUENTO CHINO

Empeñe mi palabra el año pasado en un tugurio de mala muerte; hoy amanecí con poco que decir y busqué desesperada la boleta para efectuar el retiro.
Revisé mil carteras (decirle carteras a los morrales es algo generoso…) y encontré alguna factura desabrida, una boleta de unos zapatos marrones que había olvidado (carne de feria americana a esta altura), ticket de la farmacia y una orden del dentista para despojarme de mis muelas de juicio. (Encima que tengo poco me lo quieren sacar meta pinza doctor!!) Pero ni un sólo papel que me devolviera la verborragia.
Entonces en penumbras recordé el aspecto del lugar porque ni hablar de calles. Llegé al lugar esquivando la arena de una obra en construcción. Letrero con un panda y unas cañas de bambú color verde navideño. Letras en rojo furioso, pero me fue imposible asociar uno con otro los ideogramas.
Por delante un portón abierto de par en par y a su lado una ventana con barrotes de fierro. (Más que azulado son celestes, detalles)
El mostrador está a la izquierda, cruzado el umbral me invadió una sensación de hazaña heroica. Me regodeo con el golpeteo de los talones en coincidencia con cada gong. Me atiende un chino con mirada triste. Le cuento, con gestos de manos incluidos, mi intención de recobrar la palabra. Me pide en tono irónico el ticket mientras detrás de él flamea un rollo de registradora largo hasta el piso.

- No lo tengo. Cómo podemos arreglar esto, don?
- Pagué el precio.

Finalmente, mi palabra quedó a mercedes de un buen postor. Gajes del periodismo.

2 comentarios:

Ztachusma dijo...

Señorita: para mí su palabra no tiene precio. En un futuro, cuando tenga mi consultorio, podría ofrecerle mi escucha y por ser ud., le costaría muy poco...

Anónimo dijo...

una vez quise hacer lo mismo...y me dijeron: no pibe, tu palabra no vale nada...